lunes, 12 de junio de 2017

LA NOCHE DE LOS ESPEJOS ROTOS

Bajo el vacío eco de mis pasos inertes
lloraba el teléfono al morir el día.
Adiviné lágrimas al otro lado,
llevaba meses sin sonar
y tan crudo sosiego
            sólo lo rompe un llanto.
Respondí
contra la costumbre,
burlando mi voluntad
pues reinaba la densa quietud
de la soledad sobrevenida.

Tras confundirme con mi hermano
preguntó
a qué hora era el entierro

y al fin entendí
por qué nadie me hablaba
por qué miraban a otro lado
cuando preguntaba
y sentí de nuevo las cadenas.

Pero llevaba meses borracho
hablando solo
pretendiendo una vida
y no quisieron verlo.

Decidí dejar que el tiempo
les hiciera crecerse
en su falsa victoria.
Les hice creer
que muerto el perro
                        se acabó la rabia
y esa rabia
que ellos mismo abonaron
con silencio y desprecio
explotó contra sus muebles
sus sillas, sus cristales
rompiéndoles la noche
dejando a la intemperie cicatrices
que no iban a cerrarse
mientras quedara una mínima porción de aire.

La noche de los espejos rotos
crucé al fin al otro lado.

No puedo negar
que ganaron la batalla
y puede que hasta la guerra
pero cada noche
los que siguen vivos
tiemblan ante la sombra
que atraviesa la estancia
al apagar la luz de sus hogares
silbando un nombre

mi sombra

mi nombre.


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