miércoles, 12 de julio de 2017

UNA BALA DE CAÑÓN EN CADA VÉRTICE


CRUCE DE CAMINOS



A veces me pierdo y a veces me oxido

aléjame de la humedad
y del sueño y del cráter y del hombre
y de los cruces de caminos

tal vez soy el único decepcionado
antes brillaba
me invitaban a las cenas
a las bodas los bautizos las comuniones

pero un día desperté
abrazado a mi cadáver
—concurrida intemperie—
y el aire era tan denso
que de él me alimenté

desde entonces
la luna la lluvia la niebla los charcos
ya no me sorprenden
tampoco los necesito
ni el agua la fruta la carne la miel

de viajar en el tiempo aprendí
que perderse no es un problema
(el problema es que se pierda la máquina)

muerdo los barrotes
salto del vagón

            antes de que me pongan nombre.





UNA BALA DE CAÑÓN EN CADA VÉRTICE



Imagina un poliedro de infinitas caras
con una bala de cañón en cada vértice.

Un universo del tamaño de las uñas
se expande en los bolsillos del chaleco
es el eco de un adiós que vuela
a ras de olvido.

Como disciplinada marabunta
cargando santas cáscaras en procesión
así apagamos el despertador cada mañana

luego los zapatos de ante azul
charol negro desde hace años
una canción de Mark Knopler en la radio
como brindis por los discos extraviados
                                               de Eddie Cochran
y una corbata de vistosos colores
con la que colgarnos              
de una vez y para siempre hasta mañana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario